¿Quién nos paga por ser buenos padres?

¿Quién nos paga por ser buenos padres?


Siempre queremos lo mejor para nuestros hijos; o al menos lo que soñamos y creemos que es lo mejor para ellos. Esto puede llevarnos a sentir la exigencia en alcanzar esos ideales de la buena crianza y el ser buenos padres.

Este rol está lleno de desafíos y es una labor demandante que, con facilidad, puede poner en tensión nuestro clima familiar. Claro que también hay mucho amor, ilusión y momentos de gratificación; pero el sentimiento de responsabilidad, el deseo de hacerlo bien y la cotidianidad a veces nos desconectan de lo esencial.

Como padres, muchas veces entendemos el amor y el deber ser como una entrega “total”. Se hace todo por el otro y, con notable frecuencia, nos olvidamos de nosotros mismos.

Y lo cierto es que la crianza es un largo camino. Me explico: es vital al ser buenos padres tener muy presente -y no en último plano- nuestras necesidades como personas y deseos de amor, gustos y hasta los antojos; porque en la medida en que estemos atendidos, se nos hará más fácil y ligera la gerencia de la familia en el presente y a largo plazo.

CAPITAL AFECTIVO

El ser buenos padres naturalmente involucra un gran amor, tiempo, energía, conexión, dedicación, constancia, firmeza, consentimiento, dinero… Es una entrega de nuestro capital afectivo.

Toda persona necesita amor; y si se da todo, entramos en la quiebra afectiva, desgano, amargura y tristeza. Por ello, debemos prever y garantizar al menos el amor propio.

Un ejemplo: si queremos que el gerente de la empresa esté comprometido, motivado, sea eficaz y exitoso en su labor, debemos como mínimo hacerlo SENTIR bien remunerado. Y si bien esto último puede sonar utópico en ciertos contextos, si queremos que el gerente haga bien su trabajo debemos hacerle sentir bien pagado.

Como padres, tenemos un rol similar en la empresa familiar. Aunque la realidad implica: dar, dar, dar y echarle más pichón, debemos hacernos sentir bien pagados y felices.

QUÉ IMPLICA SER BUENOS PADRES

Supone que estemos en contacto con nuestro proyecto de vida personal y familiar. Esto último es que podamos preguntarnos y responder: ¿Cuál es nuestro sueño? Y ¿Para qué es importante para nosotros el dinero? Las respuestas a estas dos preguntas debemos tenerlas en consideración en nuestra cotidianidad.

La contemplación y el intento de responder a estas preguntas –que nada tienen que ver con el egocentrismo– permite dirigir parte de nuestro “presupuesto mental” a pagarnos como gerentes de familia.

La buena teoría o ideas de lo que es correcto en la crianza es aquella que, llevada a la realidad particular de cada familia, incluya las necesidades y posibilidades de los padres.

Solo así, ¡será una empresa esperanzada!

Foto: Vanguardia Liberal