Por esto es que nos esclavizamos en el trabajo y no tomamos vacaciones

Por esto es que nos esclavizamos en el trabajo y no tomamos vacaciones


Todos los años Erika Anderson se toma cinco semanas de licencia.

Directora de Proteus International, una consultora gerencial basada en Nueva York, trabaja largas horas, escribe un blog y libros, y suele recibir llamadas de clientes a cualquier hora.

Así que cuando está de vacaciones le dice a su personal que la dejen tranquila. "No puedo ser una máquina", dice.

Se trata de una lección que a ella -como a muchos de nosotros- le costó interiorizar.

En la década de los 90, cuando comenzó su empresa, trabajaba 80 horas a la semana y raramente se apartaba de su oficina.

Pero con el paso del tiempo, se dio cuenta de que necesitaba más descanso y pasar más tiempo con sus hijos.

El problema era que, simplemente, no podía dejar el trabajo. La compañía no estaba organizada para funcionar sin ella.

Y tuvo que aprender a delegar.

La "plaga"

Muchos de nosotros, especialmente en Estados Unidos, parecemos evitar los días libres como si fuesen una plaga.

Una encuesta de 2015 de la firma de búsqueda de ejecutivos Korn Ferry encontró que el 67% de los directivos estadounidenses pospusieron o cancelaron sus planes vacacionales, debido a las exigencias de sus trabajos.

Una mujer en una piscina

Y 57% dijeron que no pensaban usar todo el tiempo libre que tenían asignado.

Eso contrasta con lo que ocurre en países como Austria, Alemania y Francia donde los trabajadores reciben, y generalmente se toman, 30 o más días de vacaciones cada año.

Muchos sabemos que ese tiempo libre ayuda a recargar pilas y es bueno para nuestra salud. Por ejemplo, reduce el riesgo de sufrir un ataque al corazón.

Aun así, incluso si quisiéramos disfrutar de esos días, a muchos nos cuesta hacerlo.

Por un lado, están las razones habituales: estamos preocupados de perder nuestros trabajos y es difícil salir de vacaciones cuando nadie más se las está tomando.

Sin embargo, en gran parte la razón radica en que no sabemos cómo mantener el funcionamiento de nuestras oficinas o de nuestros equipos, sin estar presentes.

Y es algo deliberado. Nos esclavizamos en el trabajo porque no queremos que la gente piense que la vida puede continuar si no estamos allí.

"Nos gusta creer que si nos vamos, el lugar no funcionaría de forma eficiente", dice Jeffrey Pfeffer, profesor de comportamiento organizacional de la Stanford Graduate School of Business.

Todo mal sin mí

Según John Hunt, profesor de la London Business School, solo el 30% de los gerentes creen saber cómo delegar, mientras que solo cerca del 33% son considerados por sus empleados como buenos delegando.

¿Por qué somos tan malos en quitarnos de encima trabajo que puede -y debe- ser hecho por otros?

Sencillamente porque nos negamos a hacerlo. Creemos, así estemos equivocados, que todo es mejor gracias a nuestro trabajo, dice Pfeffer.

Y hasta cierto punto es parte de nuestra naturaleza. Un estudio descubrió, por ejemplo, que en un juego de casino apostarás más cuando estás a cargo de tirar los dados.

"Es la ilusión de control", dice Pfeffer. "Creemos que todas las cosas en las que participamos son mejores gracias a nosotros".

Eso es especialmente verdad en EE.UU. Allí se pone un énfasis mucho mayor en el esfuerzo y el éxito individual, mientras que en Europa y Canadá (que son vistas como democracias sociales) lo colectivo es generalmente considerado como más importante.

Una persona dándole instrucciones a otra sobre un dibujo en una pizarra

Y los europeos parecen tener un conjunto distintos de valores. "Trabajan para vivir", dice Rick Lash de la firma asesora en recursos humanos con sede en Toronto, Korn Ferry.

Mientras que los estadounidenses "viven para trabajar".

Agrega Lash que en EE.UU. los logros individuales son reforzados a una temprana edad y celebrados regularmente durante toda la vida.

Y si no puedes delegar a otra persona, entonces no te puedes escapar del trabajo.

Superar la pesadilla de delegar

Para mantener a su compañía funcionando sin problemas, Anderson creó un sistema de apoyo que facilita las cosas a la persona que queda a cargo.

En la mayoría de los casos, los empleados saben cómo cumplir una parte del trabajo del colega que está ausente.

Una persona trabajando sobre un escritorio

Anderson pide que le digan qué parte pueden completar por sí solos, en qué podrían necesitar ayuda y qué desconocen por completo.

Entonces, empareja la persona a la que se le delega la tarea con otro empleado o ejecutivo que puede ayudar a guiarlo.

"Los sentamos y decimos 'esto es lo que está pasando aquí ahora' y los ayudamos a entender 'el estado actual de las cosas", dice Anderson.

"Si necesitan más apoyo cuando estoy fuera, entonces encontramos alguien que pueda darles esa directriz".

Resalta Lash que, obviamente, para que eso funcione hay que estar rodeado de gente que pueda tomar el relevo.

Eso significa un equipo con habilidades más allá de su propio empleo específico y con suficiente dedicación al grupo para aceptar y completar el trabajo de otra persona, sabiendo que pronto les llegará el turno.

Lash dice que iniciar el proceso no es tan duro como podría parecer.


Toma un pedazo de papel y escribe todo lo que tienes pendiente. Luego calcula cuántas horas toma cada tarea y cuantas veces hace falta hacerla. Entonces puedes pensar en las habilidades de las personas que tienes a tu alrededor y comenzar a decidir a quién delegar.

"Parte de superar la adicción al éxito es delegar las cosas que no deberías estar haciendo que, muchas veces, son las que no nos gusta hacer", apunta Lash.

Y así quien delega tiene más tiempo de trabajar en las cosas que sí le gustan y en las que puede distinguirse.

Firme y proactivo

En la coyuntura actual, con muchas personas preocupadas por la economía y sus empleos, Pfeffer y Lash piensan que la tendencia a no tener vacaciones podría empeorar, especialmente en países como EE.UU.


Un calendario con la palabra


Y, según ellos, depende de nosotros adoptar una postura firme con respecto al tiempo libre y asegurarnos de que nuestro trabajo se haga durante nuestra ausencia.

Es decir, ser proactivo de manera que puedas hacer que el tiempo libre sea posible y agradable.

"Es difícil dejar la oficina y puede que seamos malos en hacerlo, pero es algo que se está poniendo más fácil", dice Anderson.

"Ahora estoy ansiosa por regresar al trabajo con ideas frescas. Mi cerebro está trabajando y mi cuerpo también se siente bien".



Fecha: 15 de Febrero de 2017 | BBC