No hay bombardeos y puedo jugar: La vida de la niña tuitera de Aleppo

No hay bombardeos y puedo jugar: La vida de la niña tuitera de Aleppo


Caminando en un tranquilo parque de Ankara en una tarde fría de febrero, era difícil pasar por alto las risas y gritos de Bana al-Abed, de 7 años,  y sus dos hermanos.

Saltando sobre una cama elástica, la sangrienta guerra en su país de origen, Siria, parecía un recuerdo muy lejano.

Pero no está tan lejos. Bana, junto con su familia, huyó de la parte oriental sitiada de Aleppo en diciembre. Su historia resonó en todo el mundo, cuando, con la ayuda de su madre Fatemah, comenzó a tuitear sobre la difícil situación de las personas que vivían en la ciudad desgarrada por la guerra.

Cuando la pequeña tuiteó que le gustaba leer, la autora JK Rowling le envió sus libros electrónicos de toda la serie de Harry Potter.

La familia finalmente fue evacuada y vive una realidad muy diferente. "Estoy muy feliz, por la seguridad y la paz, puedo jugar, no hay bombardeos", dijo Bana, mientras se balanceaba hacia atrás y adelante en un juego en forma de dinosaurio púrpura.

Su hermano de 3 años, Nour corrió hacia el siguiente juego y llamó a gritos a su padre para que lo hiciera girar más rápido.

Antes de llegar a Turquía, Nour nunca había estado en un parque de juegos. La guerra empezó dos años antes de que él naciera, y durante todo el conflicto Fatemah refugió a sus hijos en casa.

"No podíamos salir. Por los bombardeos, no podía enviarlos a la escuela porque era muy peligroso. Así que vivieron toda su vida en casa. Ellos no conocen a nadie, sólo a mí y a su padre", dijo Fatemah a CNN.

Cuando los niños ven a un extraño, creen que es un enemigo, dijo.

Paramos en el hotel donde se aloja la familia antes de ir con ellos al parque.

En la habitación, Mohammed-Laith, de 5 años, se arrastró rápidamente hacia un escritorio y se acurrucó debajo de él.

Los niños, que han conocido otra vida más que la guerra, no son tan extrovertidos ni habladores como su hermana.

Pero Bana también lidia con los recuerdos de la guerra. "Tengo sueños de que aún estoy en Aleppo y hay más ataques aéreos. Veo cómo los niños mueren", dijo Bana. "Me pongo triste y lloro".

Su madre también está luchando todavía contra el trauma de la guerra.

"A veces, cuando escucho el sonido de un coche rápido creo que es un avión de combate. Cuando escucho fuertes golpes en la puerta, creo que es una bomba", dijo Fatemah.

Al igual que cientos de familias, los al-Abed se vieron obligados a huir de su casa después de que las fuerzas del presidente Bachar al Asad recapturaron las partes de Aleppo que eran controladas por los rebeldes.

Pero ellos creen que tienen más suerte que la mayoría de las familias que fueron llevados a campos de refugiados en la frontera turca.

Los al-Abed recibieron una calurosa bienvenida por parte del gobierno turco. La familia se reunió con el presidente Recep Tayyip Erdogan y la primera dama.

Actualmente la familia se alojaba en un pequeño hotel situado en una zona tranquila de Ankara.

Bana, con sus hermanos pequeños y su madre

Fatemah, que era profesora de inglés antes del conflicto en su país, dijo que poco después de su llegada a Turquía, le rompió el corazón ver a sus hijos tan abrumados por las cosas más simples, pero de las que habían carecido mientras vivieron bajo un asedio que duró cuatro años.

"Cuando mi hijo vio los dulces, los plátanos y las manzanas, (dijo) 'mamá, estamos en el cielo'", dijo Fatemah.

Cuando la familia va a los restaurantes, los niños quieren pedir todo en el menú, ya que no han probado muchos alimentos durante tanto tiempo, agregó.

Bana y su madre hablaron apasionadamente sobre el deseo de hacer más por los niños sirios que siguen atrapados en el conflicto y por los millones de desplazados sirios que viven en campamentos.

Fatemah quiere organizar una marcha en apoyo de los refugiados, que cree que están estigmatizados. La gente mira a los refugiados ya sea con desprecio o con pena, dijo.

Bana, por su parte, quiere seguir utilizando su influencia en redes sociales para crear conciencia sobre la difícil situación de los niños sirios.

El mes pasado, Bana, con la ayuda de Fatemah, escribió una carta al presidente Donald Trump pidiéndole ayuda para los niños de Siria. Publicaron la carta en Twitter antes de que el presidente firmara un decreto prohibiendo a sirios y ciudadanos de otros seis países entrar en Estados Unidos.

"Él no me respondió, aún no me respondió", dijo Bana mientras bebía su chocolate caliente en un café de Ankara.

"Le envié una carta pidiéndole ayuda para los niños sirios, quiero que los sirios estén bien, pero él prohibió a los sirios. Los niños no son terroristas", dijo.

Sin desanimarse por la falta de respuesta, Bana, con una gran sonrisa, reitera: "Querido Donald Trump, mi nombre es Bana, quiero que apoye a los niños de Siria y nos ayude".