Grupos de WhatsApp de las madres quitan responsabilidad a los niños

Grupos de WhatsApp de las madres quitan responsabilidad a los niños


En horas de la tarde, a Carolina D. le llegó un mensaje aterrador al WhatsApp: “Marta creó el grupo Mamás de 1ro. primaria. Marta te añadió”.

Aquello le asustó porque sabía que esos grupos suelen volverse un hervidero de chismes, problemas y cuestiones sinsentido.

Por supuesto, hay quienes los defienden. De hecho, su intención es loable, pues se crean para tratar asuntos relativos a la institución educativa, pero si no hay un uso adecuado, la situación fácilmente se descontrola.

Para la psicóloga María Castañeda, estos grupos son útiles para estar pendientes de las actividades del colegio o para organizar otras, decidir entre todos los padres la compra de un regalo para el maestro, compartir algún reportaje edificante o, incluso, preguntar si alguien se llevó por error tal libro de su chiquillo.

Ante la mínima cosa, sin embargo, esa red social puede explotar en un torbellino de mensajes. Pongamos de ejemplo este caso:

—Jaimito olvidó su suéter, ¿alguna de ustedes lo ha visto?

—Yo no

—Yo tampoco

—Voy a ver

—Yo no, lo siento

—Yo no. ¡Suerte!

—No, no lo tengo (confirma la que fue a revisar).

Media hora y 25 mensajes después, la progenitora de Jaimito vuelve a escribir:

—Jajaja, no lo van a creer, el suéter estaba en el carro. ¡Muchas gracias! (dedo arriba y carita feliz).

—De nada

—¡Qué bueno que lo encontraste!

—Ya sabes

—Ja ja ja

(Otros 25 mensajes)

Lo mismo sucede cuando es el cumpleaños de alguno. Todas lanzan felicitaciones y el pequeño ni enterado.

“He tenido que silenciar el grupo; hay quienes escriben a las 6 de la mañana de un domingo y otras que todos los días mandan cadenas. Lo peor es que siempre hay alguien que les responde”, cuenta Carolina.

Para agravar, hay quienes están en dos grupos: el general de la clase y otro por afinidad. El bombardeo se multiplica cuando la madre tiene dos o más infantes.

Para evitar esto, Castañeda recomienda imponer reglas: “Hay que establecer para qué sirven esos grupos y pedir que los textos sean breves e informativos”.

Los más afectados

Lo anterior quizás sea lo de menos. Lo que podría traer serias consecuencias es que ellas se conviertan en una especie de agendas de los chicos.

“¡Hola! ¿Alguien sabe las tareas para hoy? Es que mi hija no apuntó nada”. Ese es uno de los mensajes más frecuentes.

“Cada quien debe saber qué tiene que hacer. Si la progenitora se involucra demasiado, implícitamente le está diciendo a su pequeño ‘no te preocupes, yo te lo voy a solucionar’. Eso hace que el niño no adquiera seguridad y autonomía, factores determinantes para desarrollar la autoestima”, comenta Clemente De León, psicólogo educativo.

Noelia López-Cheda, en el artículo Me niego a ser la agenda de mi hija por WhatsApp, escribe que los padres que se inmiscuyen de esa forma hacen que los chiquillos sean irresponsables. Además, “se vuelven miedosos a hacer cualquier cosa porque tienen nuestros ojos encima; asimismo, preferirán poner atención a otras cosas porque para lo demás —los estudios— mamá se hará cargo”.

Más adelante concluye: “No es bueno que nos empeñemos en solucionar sus problemas; debemos respetar su independencia y capacidad de decisión. Si se equivocan, será bueno para su aprendizaje”.

Los problemas entre niños deben ser resueltos entre ellos; si intervienen sus padres les restará capacidad resolutiva y de afrontamiento, lo que les generará una conducta dependiente. Foto Prensa Libre: El Periódico Catalá.
Los problemas entre niños deben ser resueltos entre ellos; si intervienen sus padres les restará capacidad resolutiva y de afrontamiento, lo que les generará una conducta dependiente. Foto Prensa Libre: El Periódico Catalá.


La guía para los chats

“El grupo de WhatsApp es una excelente herramienta si se usa de forma correcta”, se lee en las recomendaciones del colegio  Beth, de Argentina, las cuales se viralizaron ante los problemas de comunicación entre padres de familia. Este es su decálogo:

- Información sí, chismes no. El grupo es útil para intercambiar información sobre su pequeño y su salón de clase. No hay que transformarlo en un call center de rumores.

- No ser la agenda de los infantes. Si faltó a clase, no pedir la tarea por el grupo. Hay que hacer que los niños asuman responsabilidades.

- No escribir algo que no diría en persona.

- No criticar a los profesores en el chat grupal. Si surge algún problema, hablarlo de frente con el maestro para que exponga sus argumentos.

- Respetar. No compartir contenidos ofensivos o que vulneren la privacidad.

- No mofarse de nadie. Evitar comentarios que dejen en ridículo a los chicos, profesores o padres de familia.

- Economizar. Si es posible mandar un único mensaje, ¿por qué enviarlo por partes?

- No ser reiterativo. Si un cumpleañero lleva 20 felicitaciones, ¿será necesaria la vigésimoprimera?

- Ser atento. Si ya se ha hablado y concluido en un tema, no aparecer de repente y preguntar en qué quedaron.

- Mantener la identidad. No permitir que ellos respondan el celular haciéndose pasar por usted.

- Emplear menos emoticones.

- Tener criterio. No todo lo que se dice en el grupo es cierto. Hay que leer, evaluar y expresar lo que en realidad se piensa.