Por qué se le debe hablar a un cachorro como a un niño

Por qué se le debe hablar a un cachorro como a un niño


Hablarle a los cachorros de perro como a los niños no es algo estúpido, pues las palabras pronunciadas más lento, con voz más alta y melodiosa, atrapan su atención y las interpretan como una invitación a jugar, según un experimento realizado por etólogos de Francia.

Así que los que tengan esta costumbre no deberían sentirse algo en ridículo frente a otras personas que contemplan, a veces conteniendo la risa, la interacción y afecto hacia sus pequeñas mascotas.

La investigación se publicó en la revista científica británica Proceedings of the Royal Society, a cargo de investigadores de la Universidad de Saint Etienne, Francia.

El lenguaje aniñado funciona sin embargo sólo en los cachorros, pues los ejemplares adultos tienden a ser indiferentes al mismo.

La primera conclusión a la que arribaron los expertos es que las personas tienden naturalmente a tratar a todos los perros como si fueran “cachorritos humanos”.

Para comprobarlo le pidieron a 30 mujeres que leyeran un breve texto, con frases como ­muy bien, ¡nene! o ­¡ven aquí, dulzura!, mientras miraban la foto de un perro o de un humano. Al dirigirse a los cuadrúpedos las voces asumieron un tono más alto y musical.

Luego las grabaciones fueron reproducidas en un canil de Nueva York, mientras una cámara de video registraba las reacciones de diez perros adultos y diez cachorros.

Apenas se oyó esta suerte de “baby talk”, nueve de los diez cachorros reaccionaron de inmediato de manera enérgica, ladrando y corriendo con alegría hacia los altoparlantes y algunos plegaron sus patas delanteras listos para jugar.

Los perros adultos, en cambio, escucharon con total indiferencia, ignorando la fuente de los sonidos.

Tal vez su atención sería mejor captada por un ser humano real o por voces familiares, una cuestión que quedó abierta.

El coordinador del estudio, Nicolas Mathevon, sostiene que probablemente el lenguaje para bebés ayude a los cachorros caninos a aprender palabras nuevas, un poco como ocurre con los niños, y también resta por descubrir si la particular receptividad es innata o fue aprendida por la especie con el tiempo.